La Atenas monumental (1)

Atenas es una de las ciudades con más peso cultural e histórico del mundo occidental. Con más de 3000 años de historia, esta antigua y poderosa ciudad estado de la Grecia Clásica tuvo un papel fundamental en el desarrollo de la democracia, además de haber sido un centro cultural de primer orden, donde vivieron muchos de los grandes artistas, escritores y filósofos de la Antigüedad. De esta época dorada de la cultura clásica nos ha legado la actual capital griega ricos restos arqueológicos de muchísima importancia, cuyas imágenes emblemáticas son conocidas universalmente y entre los que destacan los reunidos en la Acrópolis de Atenas.

La acrópolis (ciudad alta) era la parte alta de las ciudades griegas, romanas y de otras civilizaciones, que se edificaba en zonas elevadas con un doble objetivo: como baluarte defensivo y como sede de los principales lugares de culto de la ciudad. La Acrópolis de Atenas se considera la más representativa de las acrópolis griegas y está situada sobre una cima que se alza 156 metros sobre el nivel del mar. La mayoría de las construcciones del complejo arquitectónico se levantaron en época de Pericles (499 a.C – 429 a.C), producto de su ambicioso programa de obras públicas.

La entrada oficial de la Acrópolis se realiza por los Propileos, una gran puerta y un pasaje cubierto construido en el 430 a.C., que debía constituir una entrada monumental al complejo de templos y coronar el camino escarpado que lleva a la cima de la ciudad alta por su lado sur. Sus imponentes columnas debieron amedrentar a más de un visitante de la época. Parte de los techos de piedra, que en su día estuvieron decorados con pinturas, todavía pueden verse al pasar.

A su lado derecho y frontal se encuentra el Templo de Atenea Niké, un pequeño y esbelto templo, de dimensiones humanas pensadas para dar sensación de armonía, que conmemora la victoria sobre los persas en la batalla de Salamina (448 a. C.). Una gran estatua de bronce de Atenea, personificada como Niké, o diosa alada, se encontraba originariamente en el centro del templo. Fue esculpida por Fidias como símbolo de las victorias navales. A la estatua se le cortaron las alas para que nunca pudiese abandonar la ciudad.

La idea de la construcción del templo surgió tras la paz con los persas. Sin embargo, Pericles se opuso al levantamiento del mismo y no se comenzaron las obras hasta el 421 a. C., comenzada ya la Guerra del Peloponeso. De hecho, el friso del templo, que representa a Atenea, Zeus y Poseidón ayudando a los atenienses, es sin duda un intento de elevar la moral de la ciudad ante esta contienda, que acabaría perdiendo.
