La Atenas monumental (2)

A la derecha de donde se erigía la escultura de Atenea se encuentra el Partenón o Templo de Atenea Partenos. El templo está dedicado a Atenea, diosa protectora –y epónima– de la ciudad de Atenas. Una estatua de 12 metros de la diosa, construida en oro y marfil según diseño del mismo Fidias, adornaba el interior del templo, pero fue llevada a Constantinopla en algún momento y allí desapareció. Es el monumento más importante de la civilización griega antigua y está considerada como una de las más bellas obras arquitectónicas de la humanidad. Es también uno de los principales templos dóricos que se conservan. Fue construido entre los años 447 y 432 a. C..

A la izquierda y al final de la Acrópolis se encuentra el Erecteion, un elegante complejo arquitectónico erigido en honor a Atenea Polias, Poseidón y Erecteo, rey mítico de la ciudad. A causa del declive del terreno, su planta es irregular. Consta de tres pórticos, uno de los cuales, el de la cara sur, es la famosa tribuna de las Cariátides, que soportaban el porche sobre la tumba del rey Kékrops, mítico fundador de la familia real ateniense. Las seis columnas con figura de mujer de 2,3 metros de altura han sido sustituidas por copias; 5 de las originales se encuentran en el Museo de la Acrópolis, y una en el Museo Británico de Londres.

En el lado sur de la Acrópolis se encuentran los restos de otros edificios entre los que destaca un teatro al aire libre llamado Teatro de Dioniso. Los asientos de mármol que aún quedan son del año 320 a. C. y posteriores, pero los eruditos están de acuerdo en que aquí se estrenaron obras de Esquilo, Sófocles, Eurípides y Aristófanes en los festivales religiosos del siglo V a.C. En aquella época el Estado concedía ayudas para asistir al teatro, de forma que todos los atenienses podían disfrutar del espectáculo cultural.

Al norte de la Acrópolis, el Ágora, antiguo centro político de la ciudad, parece un campo de ruinas. El Ágora de Atenas era el centro de la actividad comercial, social y política de la antigua ciudad, además de ser el lugar donde los atenienses se reunían para discutir sus leyes y decidir el futuro político de su ciudad, que habitualmente se depositaba en manos de aquellos que mejor dominasen el arte de convencer. Allí se encontraban también templos dedicados a los dioses olímpicos, a Hefestos, a Zeus y a Apolo, y también las cortes donde se celebraban juicios y donde Sócrates fue condenado a pena de muerte.

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